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El 26 de enero de 1891 dejó de latir el corazón humano de Nicolás Augusto Otto. Pero el corazón mecánico que creó sigue siendo más de un siglo después la fuerza que mueve cientos de millones de automóviles en todo el mundo.
Ningún auto exhibió jamás en su frente el emblema Otto. No existe ninguna marca de ese nombre y excepto en las escuelas de ingeniería y mecánica su nombre es desconocido para el gran público.
Pero en el siglo XIX gracias a él surgió el corazón que cambiaría el mundo: el motor de combustión interna de dos ciclos.
Fue ese principio el que utilizó Gottlieb Daimler para construir uno bien pequeño al que colocó en un bicicleta, la primera de su tipo en ser propulsada por una energía no humana, mecánica, y de ese origen nació la motocicleta.
Fue el motor Otto el que Daimler utilizó para construir un automóvil, y cuando las firmas Daimler y Benz se unieron para crear los famosos Mercedes Benz, los propulsaban motores de Otto.
El hombre que dio tal impulso a la humanidad se llamaba Nikolaus August Otto. Nació el 14 de junio de 1832 en Holzhausen, Alemania. Su vida puede ser medida en su paralelismo con las de otros notables mecánicos de esa época que nunca tuvieron una educación formal y mucho menos científica.
Otto dejó la escuela secundaria cuando tenía 16 años de edad y comenzó un largo peregrinar que nunca vaticinó grandeza. Trabajó en tiendas de comestibles; como oficinista; vendió azúcar de ciudad en ciudad como viajante.
Fue en una de esas ocasiones que escuchó de Etienne Lenoir, que construyó lo que se puede considerar el prototipo o la base del primer motor de combustión interna que nunca logró realizarse, lo que de manera sorpresiva molestó a Otto, que no podía comprender por qué algo en lo que instuia tanta trascendencia no funcionaba de manera correcta, consumiendo al mismo tiempo gigantescas cantidades de gas.
¿De dónde entonces un saltimbanqui de pueblecitos, sin antecedentes científicos, sacó su idea de que el motor de Lenier trabajaría mejor con combustible líquido en lugar de gaseoso?
Esa inspiración lo llevó a trabajar en la construcción de un carburador para alimentar su nueva pasión: un motor de dos ciclos, cuya producción se realizó con el apoyo del industrial Eugen Langen, y que ganó la medalla de oro en la Feria Mundial de París de 1867. La compañía fue nombrada "N.A. Otto & Cie", y fue la primera en el mundo en construir motores de combustión interna.
En mayo de 1876, Otto fabricó el primer motor de combustión interna de cuatro tiempos, del cual se fabricaron en los siguientes diez años más de 30,000 unidades, pero perdió la pelea por la patente cuando fue adjudicada a Aphonse Beau de Rochas, un ingeniero francés que desde 1862 había presentado un diseño para un motor de cuatro ciclos, pero nunca fabricó ninguno.
Desde luego fue su nombre el que perduró. Los corazones de los autos son los sucesores del "motor Otto" como fue llamado con toda justeza.
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